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El Programa CAPTA llego a mí por mi hija Joharys, quien pidió como regalo de navidad un trabajo para su mamá.

Esta gran aventura de crecimiento personal y transformación inició un buen día, cuando llegaron a la escuela de mi hija unos padrinos con el fin de conocer los deseos de los niños para la fiesta de navidad.

Cuando le preguntaron a mi hija que quería,  ella pidió insistentemente un trabajo para mí, afirmando “que el regalo se puede dañar pero que con un trabajo su mamá podría hacer y darle mucho más”.

Estos,  conmovidos por la respuesta de mi hija, hablaron a la dirección escolar y recomendaron el programa CAPTA, diciendo que con él podría encontrar  el trabajo que tanto necesitaba y que también mi hija pedía para mí.

Acudí a la Fundación porque en realidad lo necesitaba, soy madre soltera y a la fecha, desempleada. Trabajar representaba en su momento, mi mayor  necesidad, me sentía triste e insegura.

Pero en el Programa CAPTA he encontrado mucho más que un trabajo, me he encontrado conmigo misma; me he dado cuenta que soy una mujer luchadora, inteligente y capaz. Una mujer que ha sabido sacar de las lágrimas superación y avance.

Algo que valoraré siempre,  es el tiempo, la dedicación y la paciencia que nos brindaron cada uno de los capacitadores y los psicólogos de la fundación.

Los aprendizajes adquiridos mediante las diferentes clases me han ayudado a mejorar, pero quiero resaltar la clase de comunicación y manejo de los conflictos con la profesora Sharon Pringle. Su testimonio de vida y consejos me ayudaron a cambiar mucho. Ella me transmitió fuerza, esperanza y la convicción de que vale la pena avanzar en medio de las dificultades.

No fue fácil para mucha, sobre todo  por la situación económica. El ver a una de mis compañeras afligida por esta necesidad, quien no cuenta con nadie, fue lo más difícil para mí,  porque sé que aún en medio de lo que puedo vivir yo, están mi madre y mi abuela brindándome su apoyo.  Pero el ver a mujeres luchadoras y que aun en medio de las dificultades siguen adelante,  es inspirador.

Mis compañeras coinciden conmigo que nuestros días en la Fundación marcarán nuestras vidas positivamente  para siempre,  desde nuestras experiencias en las clases hasta la práctica vocacional, han sido   aprendizajes que quedaran siempre en nuestras mentes y corazones.

A las nuevas aspirantes, no desaprovechen esta oportunidad tan linda, no será fácil,  sobre todo cuando debes decidir dejar el cuidado de tus hijos con otras personas; saber administrar lo poco que tienes y   salir de tu zona de confort, es difícil pero tampoco imposible si te esfuerzas: ¡SÍ SE PUEDE CHICAS!

A Nuestros donantes, con la mano en el corazón sigan apoyando a la Fundación Calicanto para que el apoyo que brindan a las mujeres se expanda y llegue a todas la mujeres de Panamá.

Un día, al  salir de práctica en el Hotel Crown Plaza, en los previos, conocí  a una chica, la cual noté triste y con lágrimas en sus ojos. Me acerque a ella y le hablé del programa CAPTA y de mi experiencia. Era de nacionalidad extranjera,  y me contó de la necesidad que tenemos muchas mujeres por la falta de oportunidades. El saber que no estamos solas, nos  puede salvar la vida.

¡GRACIAS A TODOS!

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