No toda violencia es visible. Cómo identificar los tipos de violencia hacia la mujer.

Todos creemos tener un concepto claro del comportamiento violento. Es fácil pensar en golpes, daños físicos, incluso la muerte. Sin embargo, no toda la violencia se manifiesta de la misma manera. El éxito de la opresión hacia la mujer es más notorio, en los casos donde los hechos se han normalizado o son difíciles de observar.

Existen razones históricas, políticas y culturales para que este fenómeno se pueda sostener. Las formas de violencia sutiles, se esconden detrás de tradiciones, educación o una falsa inocencia. Es por ello, muy importante aprender a identificarlas, sea porque las estamos viviendo o porque vemos a una mujer en una situación complicada.

Tipos de violencia.

A continuación hablaremos de tres grandes grupos de violencia no física que existen en las sociedades actuales. Estas descripciones buscan exponer los principios por medio de los cuales operan estos maltratos. El reconocimiento es el primer paso para poder detener el ciclo e iniciar el cambio.

Violencia psicológica.

Esta suele ser la primera forma de violencia que se ejerce sobre una mujer y la más omitida por las víctimas. Esto se debe a que es la forma en que inician los abusos, los cuales al hacerse físicos, opacan el daño psicológico previo. Otro factor a considerar, son las ideas culturales y/o religiosas sobre el papel de la mujer, lo que puede justificar ciertos tratos verbales o conductuales.

Este tipo de violencia no solo se limita a los insultos o gritos. Incluye un enorme abanico de mecanismos de control, manipulación, humillación y maltrato. Resultando en problemas de autoestima, confianza, perdida de la libertad y miedo.

El control sobre la mujer es la principal manera de ejercer la violencia psicológica. Esto se refiere a que ella no es libre de vestirse como quiera, de frecuentar lugares o amigos de su preferencia, ni manejar sus horarios a conveniencia. Además al momento de hablar, pensar, expresarse, tomar decisiones, la voz de su victimario termina por interrumpir el proceso. Las mujeres se limitan, pensando (o con la certeza) que al hombre podría no gustarle lo que sienten o quieren.

Parte de este control, requiere que la mujer corte sus vínculos y oportunidades de escapar. Por ello, suele ser común que se les niegue el manejo del dinero, la posibilidad de trabajar, acceso a vehículos. Asimismo, los contactos con la familia y amigos se van deteriorando poco a poco, por culpa de la figura que ejerce la violencia.

También, es usual que los chantajes emocionales, menosprecio de las capacidades, talentos, habilidades sean comentarios frecuentes. Así, la mujer no se siente valorada, ni capaz de actuar. En conjunto, todos estos elementos establecen en la mente de la mujer la idea de que no existe escapatoria. Es un miedo creado para mantenerla encerrada en la espiral de violencia, que después de este punto, puede escalar en maltrato físico. 

Violencia económica y laboral.

Aunque ambos tipos de violencia están vinculados a los recursos económicos, no son iguales. La violencia económica está relacionada a cualquier tipo de acción que limite o suprima los recursos patrimoniales o monetarios de una mujer. En el ámbito doméstico puede traducirse en el control sobre los ingresos o el trabajo de una mujer. A nivel colectivo se puede observar en leyes que no permitan que las mujeres reciban herencias o en pautas culturales que obligan a la mujer a alejarse de la fuerza laboral, para cumplir labores del hogar o la crianza.

Por su parte, la violencia laboral se ejerce sobre aquellas mujeres que si trabajan, pero sufren de restricciones. Estas se pueden manifestar en la imposibilidad de conseguir determinados puestos de trabajo, por su condición de mujer. También, es común que se nieguen a contratar a mujeres embarazadas o con planes de tener hijos próximamente. En otros casos, esta violencia se observa en las diferencias salariales entre hombres y mujeres.

El ámbito económico es excelente punto de partida para establecer cambios en nuestra sociedad. Por ello, las fundaciones de mujeres tienden a contemplar programas de capacitación y emprendimiento para empoderar a las mujeres. Las habilidades, conocimientos y capacidades ganadas en el campo laboral, fortalecen la confianza, la seguridad y la autoestima de las mujeres, en todos los aspectos de su vida. Además, le permite obtener los recursos que le otorgan autonomía de decisión y movilidad.

En la Fundación Calicanto, trabajamos con las mujeres en Panamá por medio del programa CAPTA. Durante un lapso de cinco semanas, las participantes asisten a diversos talleres, en materia de comunicación, liderazgo, inteligencia emocional, finanzas y reciben apoyo psicológico. Seguidamente, se realizan otras cuatro semanas de capacitación intensiva, en el campo de la hostelería. La incorporación al campo laboral, sumado al resto de los conocimientos adquiridos, tiene una repercusión directa en la calidad de vida de estas mujeres, sus familias y la comunidad.

Violencia simbólica y cultural.

 

Es la forma más sutil de percibir de violencia, pero es la más presente y por tanto la más difícil de combatir. Estos mecanismos de opresión están interiorizados por todos los miembros de la sociedad, a tal punto que se considera un “estado natural” de las relaciones entre hombres y mujeres.

Los estereotipos y roles de género son los primeros de la lista. Esta idea de que existen maneras, comportamientos o actividades propias de cada sexo se enseña desde la primera infancia y se refuerza a lo largo de la vida. Su subversión es motivo de humillaciones, insultos o violencia. Estas categorías de lo “correcto” suelen ser explotadas y exageradas en la publicidad o los “chistes”, dando paso a una enorme cantidad de imágenes y referencias que se asumen como permanentes.    

La simplificación del papel de la mujer, limitándola a una sola faceta, es otra forma de violencia simbólica. En estos casos, las mujeres son vistas solo como objetos sexuales, o madres, o responsables del hogar y no como los individuos multifacéticos que somos. Nuevamente, estas imágenes se repiten en los medios audiovisuales, lo que las perpetúa en el tiempo.  

Todas estas formas de violencia, más que de género, son violaciones de los derechos humanos. Vulneran los principios básicos y universales de los componentes primordiales de una vida plena, autónoma y saludable. Aquí, reside la importancia de sumar esfuerzos para el cambio social, económico, político y cultural, que establezca una verdadera igualdad entre los individuos, sin importar su sexo o género.   

Los estereotipos y roles de género son los primeros de la lista. Esta idea de que existen maneras, comportamientos o actividades propias de cada sexo se enseña desde la primera infancia y se refuerza a lo largo de la vida. Su subversión es motivo de humillaciones, insultos o violencia. Estas categorías de lo “correcto” suelen ser explotadas y exageradas en la publicidad o los “chistes”, dando paso a una enorme cantidad de imágenes y referencias que se asumen como permanentes.   

La simplificación del papel de la mujer, limitándola a una sola faceta, es otra forma de violencia simbólica. En estos casos, las mujeres son vistas solo como objetos sexuales, o madres, o responsables del hogar y no como los individuos multifacéticos que somos. Nuevamente, estas imágenes se repiten en los medios audiovisuales, lo que las perpetúa en el tiempo.  

Todas estas formas de violencia, más que de género, son violaciones de los derechos humanos. Vulneran los principios básicos y universales de los componentes primordiales de una vida plena, autónoma y saludable. Aquí, reside la importancia de sumar esfuerzos para el cambio social, económico, político y cultural, que establezca una verdadera igualdad entre los individuos, sin importar su sexo o género.